Cuando el entorno aprieta, el arte encuentra nuevos caminos. La artista salvadoreña Alexa Evangelista convierte la pausa en viaje y la hibernación en una forma luminosa de seguir creando.
Por Andrea Domínguez.
Video y fotos Productora Espectro.
A veces, las personas artistas se ven forzadas a entrar en hibernación. Cuando las condiciones son extremas y hostiles, resguardarse se vuelve necesario. La pausa, entonces, también puede ser una forma de resistir. (Ver: El gobierno de Bukele ha metido toda su maquinaria para desacreditar al periodismo que lo cuestiona).
Eso es lo que ha tenido que hacer durante los últimos años la artista salvadoreña Alexa Evangelista, en un país donde se han ido cerrando los espacios para un arte que tenga algo que decir sobre diversidad sexual y de género.
Pero mientras en El Salvador sus obras de teatro, performances y otras expresiones permanecen en pausa, Alexa ha estado más despierta que nunca en otras latitudes. Durante el último año ha llevado su arte a Alemania, Estados Unidos y Canadá, y ahora prepara un proyecto en Costa Rica. También sueña con presentarlo en Colombia, un país en el que le gustaría casarse con su pareja, pues en El Salvador no existe el matrimonio igualitario. (Ver: Matrimonio Igualitario en Colombia, paso a paso).
“Ha sido muy enriquecedor el hecho de poder salir de mi burbuja, salir de este contexto de represión y conocer otra clase de libertades, otras escenas, otra gente”, dice sonriendo al recordar sus caminatas por Berlín y la sensación de ser libre.
En esta conversación con Sentiido, Alexa habla de lo que implica hacer arte diverso en su país, de cómo encontró su camino, de las formas de sostener la esperanza y, sobre todo, de la necesidad de seguir expresando aquello que nace de lo más auténtico de nuestro interior.


Del teatro al cabaret
Alexa Evangelista es una artista salvadoreña en sus veinte. Estudió arquitectura de interiores y artes plásticas y ha trabajado en producción artística y gestión cultural. Sin embargo, poco después de graduarse encontró en la actuación, la dramaturgia y el drag su verdadero camino de expresión. Cansada de que hombres cisgénero (o que no son trans) decidieran si era o no la indicada para un papel, creó junto con un amigo el Proyecto Inari.
“Inari es un trabajo en conjunto entre Ale Massimo -que ha trabajado mucho tiempo haciendo arte- y yo. Todo empezó cuando Massimo escribió una obra llamada ‘Asciende’ para que yo la protagonizara; se la mostramos a la gente de teatro con la que él había trabajado y nos dijeron que no querían a una travesti en la obra porque no estaban interesados en que los tildaran como una compañía homosexual. Estábamos muy frustrados porque cómo es que una obra que habla de diversidad no puede tener una travesti en el elenco; así que creamos Proyecto Inari”, recuerda Alexa. (Ver: Travesti, una breve definición).
Con su experiencia en gestión cultural y la de Massimo como guionista y director, comenzaron a crear una trilogía, de la cual alcanzaron a presentar dos obras. La primera fue “Inmoral”, estrenada en la Gran Sala del Teatro Nacional, un espacio canónico y de gran importancia en la escena cultural salvadoreña. (Ver: Sentiido: un escenario para imaginar futuros más libres).
Luego llegó “Asciende”, presentada en la Pequeña Sala del Teatro Nacional. Se preparaban para completar su temporada y montar la tercera obra cuando los espacios culturales terminaron de cerrarse para el arte LGBTIQ. Ni siquiera pudieron concluir las funciones de “Asciende”, pese a haber invertido recursos propios en su montaje y divulgación.
La obra fue cancelada y varias instituciones que hasta entonces habían sido receptivas a propuestas culturales diversas les cerraron las puertas. Desde ese momento, el Proyecto Inari entró en hibernación: su espacio de acción prácticamente desapareció. Alexa, sin embargo, no se quedó quieta. En la medida de lo posible, ha continuado trabajando en un circuito más íntimo, presentándose en cabarets como artista drag.
“Tenemos un formato cabaret que hemos intentado mantener con cierta frecuencia en lugares alternativos donde nos abren el espacio y en los que hay más interacción con el público. Es algo más bayacuna -gracioso, absurdo-”, explica Alexa.
El mundo drag y su faceta como DJ de música electrónica han sido dos vías de expresión que la han mantenido a flote y que, de alguna manera, también propiciaron sus viajes a otros lugares.
Llevar su arte al exterior tampoco ha sido fácil ni ha estado libre de obstáculos. Le han negado dos visas, lo que le impidió acompañar exposiciones de su trabajo en Nueva York y Quebec.
“A pesar de la precariedad, a pesar de estos impedimentos estructurales, que mi arte esté expuesto en otros lugares lo siento como una clase de reconocimiento que me da esperanza de saber que mi trabajo no se va a acabar porque no pueda hacerlo aquí ahora, sino que hay otras oportunidades, hay muchas otras escenas que están hambrientas de lo que yo puedo ofrecer”, afirma.


En Berlín, por ejemplo, ha trabajado con un proyecto colectivo llamado Crypto Sirenas. “Junto a otras dos chicas alemanas, Hannah Einstein y Sony, dialogamos con el tema de las economías contemporáneas y la manera como eso nos afecta y como afecta al medio ambiente“. (Ver: El feminismo agroecológico, una apuesta por los derechos de las mujeres rurales).
En síntesis, una narrativa ecofeminista. “Entonces, es un diálogo sobre nuestras diversas identidades frente a las economías contemporáneas, no siempre de manera negativa porque, por ejemplo, para personas que vivimos en las periferias sociales, de alguna manera esas economías nos ayudan también a estar por fuera del control del Estado”.
La obra tuvo una gran acogida en Berlín. Después viajaron por algunas provincias de Alemania, donde encontraron públicos algo más conservadores, pero también receptivos. Su trabajo como DJ ha sido otra puerta de entrada a ese país.
“La música y el techno siempre han sido una inspiración enorme para mí, y conocer Berlín y estar inmersa en la cultura del techno fue muy nutritivo; allí ves a la gente tan libre de ser, de caminar por las calles con total libertad”.
Arte para respirar, comer y amar
Alexa siempre supo que quería ser artista, aunque al principio no sabía exactamente cómo hacerlo. El camino comenzó a abrirse la primera vez que se montó como drag.
“La primera vez que me draguié fue para una fiesta de Halloween en la Alianza Francesa. Me puse unos tacones y recuerdo que no me podía ni siquiera maquillar. Poco a poco fui aprendiendo, conocí a un chico que también hacía drag y vio estas ganas que yo tenía de hacerlo. Entonces nos empezamos a juntar, a compartir conocimientos porque él era maquillista, pero no conocía de plástica. Un día me invitó a una fiesta en la que necesitaban a dos drags para hacer un show. Yo nunca me había subido a un escenario, pero me lancé”.
Así comenzó todo, siempre con el apoyo de su pareja, quien se involucró en el proceso desde el principio. “Él ha sido un pilar fundamental para mí, para sentirme cómoda haciendo drag porque en este país incluso los maricones son súper machistas. Entonces, que le plantees a tu pareja: ‘Mira, quiero ser travesti’, puede ser algo bien chocante dentro de nuestro contexto, pero siempre me ha apoyado y ha aprendido de la mano conmigo”.


Su pareja también ha participado en el proceso creativo y en la producción de sus espectáculos. “Nosotros desde ese momento nos comprometimos y tomamos eso como un proyecto de vida”. Para Alexa, el arte es mucho más que un oficio: es oxígeno.
“Si me quitan esto es como dejar de respirar; no puedo vivir sin el arte. Además, literalmente esto se ha convertido en mi pan; vivo de esto, me sustento de esto, aunque sea precariamente, pero me sostengo y para mí es lo que le da sentido a la vida. O, mejor dicho, no es que la vida tenga un propósito, es que yo le he dado ese propósito. Es la forma en la que yo le he querido dar sentido a la vida, que es tan corta y tan efímera”, reflexiona Alexa.
Su nombre estuvo relacionado inicialmente tanto con la modelo Linda Evangelista como con House of Evangelista, de la serie Pose. Sin embargo, un episodio durante una marcha del orgullo le dio todavía más sentido. (Ver: Qué es el fundamentalismo religioso y qué implica realmente).
“Estábamos en medio de la marcha en el Centro Histórico cuando llegaron unas mujeres evangélicas. Ellas se ubicaron en una esquina con sus grandes parlantes y pancartas y empezaron a gritar que nos íbamos a ir al infierno. ¿Qué dice la Biblia realmente sobre la homosexualidad?
“Yo estaba justo enfrente de ellas y, de repente, la hermana que estaba en el micrófono dando su gran speech me agarró de forma personal y empezó a decirme: ‘Vos te vas a quemar’ y no sé qué más. Entonces yo me paré y empecé a voguear; o sea, me les metí al culto y empecé a danzar en medio de ellas.
“Ese suceso se hizo viral y casi me queman al siguiente día, pero de ahí todo como que cobró mucho más sentido. Todo tomó otra connotación: era como evangelizar y no era simplemente satirizar su culto, sino también empoderarme de esos rituales que en un momento también fueron míos, porque yo fui evangélica y por años fui misionera, salí del país por andar evangelizando. Entonces, en ese momento le di la vuelta al apellido que había elegido y adquirió otra connotación”, recuerda Alexa. (Ver: La Biblia no discrimina pero sí las interpretaciones fuera de contexto).
Estrategias de supervivencia
En El Salvador, Alexa ha atravesado un período de quietud, o de movimientos de muy bajo perfil. En ese contexto gestó otra iniciativa: House of Evangelista, que se ha ido convirtiendo en un colectivo que acoge a personas de la diversidad sexual y de género en su país.
“Surgió a partir de un taller de creación de personajes que yo tengo en el Centro Cultural de España. Este taller es anual y, con la gente que ha salido de ese taller, hemos ido creando un espacio muy afín a la cultura ballroom: de maternar, de hacer comunidad y familia entre nosotros. Así hemos logrado ir ejecutando proyectos, cabaret, shows drag en espacios no hegemónicos”.
Durante los últimos años, se han cerrado algunos de los pocos espacios institucionales que antes protegían ciertos derechos de las personas LGBTIQ, entre ellos la Secretaría de Inclusión Social, que ofrecía un canal de interlocución entre el Gobierno y las organizaciones de la sociedad civil.
También se emitieron directrices contrarias a los enfoques de diversidad en la educación y a iniciativas de prevención del VIH, mientras algunos proyectos de ley que buscaban avanzar, aunque fuera tímidamente, en el reconocimiento de derechos fueron archivados.


Al mismo tiempo, los discursos conservadores de grupos religiosos y de algunos funcionarios han contribuido a una hostilidad que se siente en la vida cotidiana.
“En la calle se vive esa violencia a manera de agresiones verbales y físicas, y la situación ha ido desmejorando cada año. Antes había ordenamientos municipales que ofrecían cierta protección; uno podía acudir a instituciones para tratar de detener de cierta forma ese tipo de violencias, pero ahora ya no existe nada de eso. Entonces, la gente se siente en la libertad de ejercer esa violencia a través de insultos, golpes, palizas”, afirma.
Mientras dure esta hibernación dentro de su país, Alexa planea seguir explorando el mundo y llevando su arte a lugares donde pueda ser apreciado. “Es bien importante nutrirse de nuevas cosas y no estar solo experimentando este mismo ciclo de violencia que te cansa, que te desgasta. Cada vez que he salido del país ha sido como un respiro, una oxigenación”.
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